About Alberto Zedda

Daniella Barcellona, mezzosoprano

Il mio affettuoso ricordo per Alberto riguarda sia la sua parte umana che quella da grande musicista.

Quando lavoravamo insieme c’era sempre in lui umiltà e rispetto nei confronti dei cantanti: un vivido scambio di idee affinché ognuno potesse trovare la giusta dimensione nell’esecuzione era una delle cose più stimolanti nella preparazione di una produzione.

Musicalmente era sempre prodigo di preziosi consigli ed indicazioni per far sì che venisse rispettata la prassi esecutiva e che lo stile rossiniano potesse essere proposto in tutta la sua genialità e comunicativa. Ci manca già moltissimo ma la sua preziosa eredità ci accompagnerà per sempre come punto di riferimento nelle esecuzioni future.

Daniela Barcellona

 

Chris Merritt, tenore

It is very difficult to write these few words through the tears!!! How can this be possible?

The very fibre of my singing career was molded and formed by this man.

In 1983 he discovered me when I first sang for him in CAMI Hall, at my beloved old CAMI building in NYC. He knew me better than I knew myself… he knew and understood what I was to become. He crafted and molded the path that my career would take.
He literally created Chris Merritt, Baritenore.
My gratitude to this incredible giant is boundless. My sadness is profound. Goodbye, Alberto!

Chris Merritt

 

Eva Podles, mezzosoprano

En 2017 ha pasado inesperadamente a la historia Alberto Zedda, uno de los más excelentes artistas contemporáneos, eminente musicólogo, creador de realidades musicales, y por encima de todo, un carismático intérprete de obras maestras del bel canto –singularmente de Rossini, el Cisne de Pésaro.

Alberto nos ha dejado huérfanos, no solamente a su maravillosa mujer, Cristina, no solamente al Festival Rossini de Pésaro sino también a la multitud de intérpretes que tuvimos la oportunidad de colaborar con Él; y a todos aquellos quienes pudieron observarlo durante el trabajo de preparación y de creación final en el escenario.

El destino ha sido my generoso conmigo ofreciéndome repetidamente el privilegio de trabajar con Alberto. Su espontánea alegría al crear la música; pasión, que liberaba lo mejor de cada uno de nosotros, hacía que nos crecieran alas a los cantantes e instrumentistas. Alberto ha sido un artista único, sin precedente y sin sucesor. Su desaparición ha creado en mi vida artística un hueco imposible de rellenar. Aunque el guión de la vida humana es despiadado, lo que conservamos en nuestro corazón es indestructible. Alberto permanecerá en mi corazón para siempre.

Ewa Podlés

 

Antonio Moral, Artistic Director

Durante más de treinta años de experiencia profesional dedicada a la música he tenido la oportunidad de convivir con muchos grandes músicos, algunos de ellos insoportables, la gran mayoría muy interesantes, pero solo unos pocos han sido realmente especiales para mí. Es el caso del Maestro Alberto Zedda.

Alberto fue un entrañable amigo en lo personal y un músico integral en lo profesional. Pero Alberto fue para mí mucho más que un gran director de orquesta, o un fino ojeador de jóvenes talentos vocales, o un incansable musicólogo, o un tipo cultísimo… Alberto fue una persona excepcional, generosa, campechana, fiel amigo de sus muchísimos amigos… Y yo personalmente me siento orgulloso (y agradecido) de haberlo sido durante tantos y tantos años (si no recuerdo mal fueron 26 años, nos conocimos en 1991).

Pues bien, durante estos cinco largos lustros tuve la oportunidad de compartir momentos preciosos con el Maestro, bien en la intimidad (a solas con él o en compañía de Cristina) o junto a tantos amigos comunes. Pero también tuve la enorme suerte de disfrutarlo en más de un centenar de interpretaciones memorables en salas de concierto y teatros de ópera de medio mundo, aunque el momento más especial para mí fue cuando tuvimos la oportunidad de trabajar juntos, codo con codo, en esta maravillosa ciudad que tantas satisfacciones nos dio.

Fueron cinco años entrañables los del Festival Mozart de La Coruña, compartiendo experiencias musicales (y vitales) excepcionales, y como botón de muestra ahí quedó el estreno en España del inolvidable Viaggio a Reims de aquella histórica noche coruñesa del 6 de julio de 2000, que nunca podremos borrar de la memoria porque fue uno de los grandes acontecimientos musicales de nuestro país (y creo no exagerar un ápice con esta afirmación), pues todos los que la vivieron in situ podrán dar fe de lo allí vivido. Fue una noche mágica… Una noche única, como también lo fueron esos cinco lustros de estrecha y fecunda amistad.

¡Mil gracias Alberto por todo cuanto nos diste!

Antonio Moral

Antonio Aduriz, chef

Somos memoria. Más que eso: somos memoria emocional. Y gracias a ello desmentimos la fugacidad de la vida, invocando momentos que, compartidos, se transforman en imperecederos y, de algún modo, nos hacen inmortales.

Conocí al maestro Zedda cuando ya era leyenda. Cuando era ya mucho más que un director de orquesta y un prolífico musicólogo. Traté con él en San Sebastián y en Pesaro, cuando recaía sobre sus hombros la responsabilidad de mito viviente, de gran especialista. Y a pesar de ello, o debido a ello, lo vi llenar el espacio con la mirada afable de quien sabe que pisa terreno firme.

Guardo para mí sobremesas deliciosas y verle dirigir con maestría. En mi memoria emocional quedan los ensayos donde conducía, enseñaba y revisaba con pasión, inagotable energía y dinamismo a músicos y cantantes. Era importante alcanzar la perfección, pero más aún dotarla de sentido y de alma. Por eso era el más grande. Por eso será eterno.

Andoni Aduriz

 

Carmen Laffon, painter

Uno de los acontecimientos importantes en mi trayectoria artística fue el sorprendente encargo que me hizo el Teatro de la Maestranza de Sevilla, entonces dirigido por José Luis Castro, para realizar la escenografía de El Barbero de Sevilla cuya producción iba a iniciar el Teatro.

Esa fue la ocasión que me permitió conocer al maestro Alberto Zedda, rossiniano ilustrísimo que me presentó Jacobo Cortines. Yo quedé fascinada por el Maestro hasta el punto de que me convencieron para aceptar el encargo.

Ignorante por completo de los entresijos que conllevaba el trabajo operístico, sus conocimientos y su maestría en la obra de Rossini, me facilitaron comprenderla y poder realizarla.

Tuve el privilegio de disfrutar de su amistad. A su vasta cultura unía un trato y conversación exquisitos. En las ocasiones que coincidimos con él, tanto en Sevilla, como en La Coruña y en Pesaro, donde fui invitada a su casa para el festival, tuve la suerte de tratarle, no ya como maestro, sino como un gran amigo junto a su esposa Cristina de quien recibí un trato exquisito. Guardo de todos esos momentos un recuerdo inolvidable.

Carmen Laffon

 

Davide Liverpool, stage director

E poi arriva luglio…e si va a Pesaro.
C’è Alberto, si lavora per lui.
Si lavora con lui.

Alberto insegna al mondo, da…Pesaro.
E il mondo si è arreso di fronte alla bellezza dell’arte di Gioachino. Alberto Zedda ce l’ha restituita.

Nella grande architettura del Palau de Les Arts in Valencia c’è una sala dove da quasi dieci anni tanti giovani cantanti diventano artisti. Questa sala si chiama Sala D, è il cuore del Centre di Perfeccionament Placido Domingo. In quella sala sotterrata a livello meno 3 Alberto faceva lezione, insegnava l’etica delle cose, il valore dell’arte, dello studio, dell’intelligenza che qualifica l’uomo in essere umano, il valore politico dell’arte, l’importanza della memoria, la memoria che crea identità per la società, e tutto questo spiegando Rossini.
La Sala D si chiamerà Alberto Zedda…ti scrivo a frammenti, emozionato.
Alberto, grazie.

Davide Livermore

 

Damiano Michieletto, stage director

La prima opera che ho fatto insieme ad Alberto è stata a La Coruña, nel 2006. Era Il dissoluto punito di Carnicier.

Mi ricordo la grinta che Alberto trasmetteva durante le prove, che comunicava attraverso il sorriso dei suoi occhi.

Per me fu un’esperienza unica dove riuscimmo a risolvere tanti problemi attraverso la collaborazione di tutti. In particolare, per me che ero alle prime armi, fu importante assistere ad una scena che non dimenticherò mai.
Un giorno Alberto si arrabbiò con un professore d’orchestra perché era disattento e non era preciso.

Alberto si infuriò pestando i piedi e sgridò il musicista svogliato, facendogli capire che se anche una nota sola era sbagliata, tutto l’effetto sarebbe stato sbagliato.

Quella frase per me è diventata come mantra: il teatro un’arte collettiva e ognuno deve essere responsabile della sua parte. Con il massimo della qualità e del rispetto.

Grazie Alberto, è stato un onore per me averti conosciuto e aver imparato da te. Sei stato un maestro nel teatro e nella vita.

Damiano Michieletto

 

Enrique Rojas, Artistic director

Un niño alegre y maravilloso

Soy de los que piensan que la muerte no existe y tampoco el más allá, por ello Alberto sigue con nosotros y seguirá siempre, lo que ocurre es que no lo vemos y no escuchamos su voz.

El sigue trabajando como hizo cada día. Tuve la suerte de gozar de su amistad y que tanto él como Cristina me ofrecieran su hospitalidad en sus casas de Pesaro y Coruña. Me hubiera gustado mucho haber compartido más horas con él hablando de lo que nos unía, la política, la música, la literatura, los amigos, la familia. Alberto transmitía sobre todo energía para vivir y nos contagiaba a todos.

Amaba el trabajo bien hecho y aspiraba a la perfección en todos los proyectos en que participaba, no desfallecía y seguir su ritmo era casi imposible. No se le podía decir que no a cualquier cosa que te pidiera porque ya él, previamente, ponía los filtros necesarios para que su solicitud se pudiera materializar. Hasta otro día amigo Alberto. en el que seguiremos soñando con nuevos proyectos ya que nos queda mucho por hacer.

Enrique Rojas Guillén

 

Emilio Sagi, Stage director

“!No le grites, que escapa!”

Trabajando con el Maestro Zedda le oí decir muchas veces esta frase a los tenores o barítonos cuando en los dúos de amor no cantaban todo lo “piano” que el maestro requería para que los sentimientos y la emoción de esa parte de la opera llegaran nítidos y puros hasta el público. Buscaba los más leves matices emotivos en los personajes para no caer nunca en una interpretación vulgar.

Su entusiasmo para la vida y el trabajo artístico hacia de el un hombre y un maestro incansable: nunca se fatigaba de ensayar o de enzarzarse en largas discusiones sobre lírica, así como de bucear toda una mañana con sus gafas y aletas mientras nosotros -que entonces éramos jóvenes- estábamos sentados en una roca de la costa de su amada Cerdeña.

Él me contagio ese entusiasmo positivo que intentó llevar conmigo en mi ajetreado trabajo y en mi vida privada. Esa energía positiva electrizante que tenía, exactamente igual a la que desprende toda la obra Rossiniana, casi tan suya como del gran genio de Pesaro.

Emilio Sagi

 

Gianfranco Mariotti, Presidente Onorario del ROF

Caro Alberto, mio indimenticabile amico e compagno di avventure.

Ho compiuto assieme a te un lunghissimo viaggio rossiniano alla ricerca dell’arca perduta.

Ho diviso con te in tanti anni pane e musica, progetti, ansie, speranze, dubbi, certezze, difficoltà, ma anche traguardi e conquiste. La tua vita intensa, piena di lavoro fino all’ultimo giorno, è stata quella che volevi vivere. Per questo il ricordo che conservo oggi di te non è malinconico, ma luminoso e felice.

Gianfranco Mariotti

 

Maxim Mironov, tenor

La prima volta lo vidi nell’oscurita’ del teatro Rossini a Pesaro. Feci un’audizione per lui. Cantai l’aria di Lindoro.

Non mi prese quella volta. Passarono un paio d’anni e mi propose di participare all’Accademia a Pesaro. E’ li’ che lo conobbi veramente.

Il suo modo di insegnare, di tramandare il suo sapere a i giovani, di cercare di ottenere il meglio da noi, per offrirlo al pubblico e a Rossini stesso. Ricordo le sue incazzature, quando batteva i piedi sul pavimento per la rabbia e tutti quelli che assistevano alla furia volevano solo sprofondare all’istante. I suoi sorrisi, quando riusciva a ottenere da noi il risultato che lui voleva. Sorrisi monelli, non da professore e Maestro, ma da un complice. Sgrido’ pure me molte volte (e aveva sempre ragione), ma e’ cosi’ che ebbi inizio la nostra amicizia.

Abbiamo lavorato parecchie volte insieme, ma di una produzione mi ricordo particolarmente bene. Era Il viaggio a Reims a Bilbao. Abitavamo nello stesso albergo, e tutte le mattine puntualmente facevamo colazione insieme. E tutte le mattine parlavamo a lungo di varie cose, ma piu’ di altre di Rossini e dell’opera. Lui mi disse una cosa che mi ha stupito quella volta e che mi stupisce ogni volta che ci ripenso. “Rossini non giudica mai nelle sue opere. Guarda i suoi personaggi, sorride e lascia il giudizio allo spettatore.” Un’osservazione semplice e profonda allo stesso tempo alla quale si puo’ arrivare solo dopo una vita di studi e riflessioni.

L’ultima volta ci siamo visti a Tokyo quest’autunno. Era allegro, pieno di energia, brillante come quell’altra volta quando andammo a Tokyo insieme 10 anni prima. Io, devastato dal jet-lag e lui pimpante ed energico. “Dove, dove prende le forze questo uomo?” pensai. Questa volta dirigeva lo Stabat Mater. E io mi sono fermato a osservare la prova. Era un atto di magia, non solo una direzione. Instaurava un rapporto con l’orchestra, e sembrava che gli orchestrali leggessero nel suo pensiero. Dava senso allo spartito. Mai scolastico. Sempre musicale. Faceva vivere la musica. Ed era la sua ultima lezione, direi.

Ora non c’e’ piu’, ma con me rimarra’ sempre tutto quello che mi ha insegnato. Mi manchera’ immensamente. Grazie, Maestro.

Maxim Mironov

 

Gustavo Tambascio, Stage director

Descubrí a Alberto Zedda en 1973, en torno a mi pasión por Teresa Berganza.

Leí sus comentarios lúcidos, rigurosos pero no exentos de humor, sobre la depuración de Rossini en los legendarios coffrets de la Deutsche Grammophon, con Abbado.

Cuando lo encontré en persona, en 1988, 15 años y varios exilios después, él ya era un casi pariente a la distancia. Anudamos complicidades, eramos rojos, reíamos juntos, él con su chispa irrefrenable decía “ma Cristinita, perchè mi nascondi Tambascio”.

Su enorme carrera como director impuso otros derroteros, pero siempre retomábamos como el primer día, una conversación ininterrumpida a lo largo de 29 años.

Cuando en Septiembre pasado tuve finalmente el enorme placer de dirigir escénicamente su Falstaff, alcanzamos una sintonía de otro orden, aún más alta. Su vitalidad obró aquél milagro en 9 días, un vendaval ya del siglo XX. Nos despedimos en el repertorio que acaso más amaba, y con la risata finale de Verdi. Chi puó chieder meglio?

Gustavo Tambascio

 

Ilaria Narici, Editor

Chiunque abbia avuto la fortuna di incontrare Alberto Zedda, di persona, assistendo ad uno spettacolo da lui diretto, sentendolo parlare ad una conferenza, converrà che il suo spirito così vivace, intelligente, curioso, amabile, gli garantirà memoria imperitura.

Le sue qualità, variamente e armoniosamente assemblate, gli vantano una patente di eternità. Per questo motivo, perché la vitalità di Alberto trascende la sua presenza, poche righe di ricordo sono troppo poca cosa per lui che mi è stato maestro, amico, compagno di tante avventure artistiche, discussioni, confronti e anche qualche sano scontro.

Tra le tante cose, mi ha insegnato ad amare e capire Rossini, di cui è stato ineguagliato ed entusiasta ambasciatore nel mondo.

Ilaria Narici

 

Marina Rebeka, soprano

Ricordo la tensione e la speranza di poter essere un giorno in grado di interpretare bene questa musica e ricevere l’approvazione del Maestro Zedda.

Era un sogno pensare che lui un giorno mi avrebbe detto :”Bene! Brava!”

Grazie a Dio e al lavoro un giorno ce l’ho fatta a sentirmi dire queste parole.”

Marina Rebeka

 

Javier Bahamonde y Santiso de Osorio, Historian

Genio y generosidad . Son las mejores palabras para retratar a Alberto Zedda.

Como musicólogo devolvió la vida a innumerables obras que sobrevivían adulteradas. Como músico transmitió a lo largo y ancho del mundo toda la emoción de las mejores partituras .

Con vocación de maestro fue mentor de las mejores voces del momento, empeñándose siempre en apoyar a los más jóvenes; en su magisterio era donde mejor lucía su generosidad, pues siempre sabía dar todo con gran paciencia y entrega . Recuerdo cómo, en una ocasión, en Pésaro, saliendo de una representación del Viaggio, con el tiempo muy justo para acudir a un importante compromiso, se le acercó una de las intérpretes para pedirle consejo, al instante desapareció toda la urgencia y supo escuchar, corregir y enseñar, sin ocultar nada, como si dispusiese de todo el día .

Más que extenderme en su carrera, cuyos éxitos son de todos conocidos, me gustaría hablar de su talante: profesional exigente, era en cercanía, un hombre sumamente entrañable, escuchaba siempre y siempre hacia comentarios profundos, cargados de cultura y reflexión, de amor y profundidad.

Conservo el recuerdo de muchas conversaciones con él, una de las primeras, que me abrió las puertas a sus conocimientos, versó sobre las diferentes lecturas de la obra de Rossini, lógicamente, mi visión de la música rossiniana, cambió y también mi forma de entender la música. Con él eran constantes las referencias a la cultura clásica, que a ambos nos apasionaba, y dejaban ver su espléndida formación humanística. Para mí fueron una fuente de disfrute y enriquecimiento.

Fuera del mundo intelectual, los momentos que recuerdo con más emoción son los pasados en el porche de su casa de Pésaro, cuando, con una mirada llena de cariño y paz, me pedía que me sentase a su lado para tomar un aperitivo y comentar los éxitos del festival . Apurado por sus constantes compromisos, pocas veces tenía tiempo para el ocio, pero cuando podía se entregaba a los amigos con pasión, pasión que ponía en todo su trabajo y en su vida .

La Coruña, ciudad que hizo suya gracias a Cristina, su mujer, tiene una enorme deuda de gratitud con Alberto Zedda. Fue verdadero “alma mater” del Festival Mozart, importante valedor de la Orquesta Sinfónica de Galicia e impulsor del Festival de Amigos de la Ópera, donde tuvimos la ocasión de escucharle por última vez; el público de la ciudad, siempre fiel al maestro, supo agradecerle sus inolvidables interpretaciones. Esperemos que las instituciones también sepan hacerlo .

Gracias , Alberto .

Javier Bahamonde y Santiso de Osorio

 

Jose Luis Méndez Romeu, Plotician

Alberto Zedda deja un legado inolvidable en Coruña.

Fue generoso con la ciudad y con sus instituciones. Las numerosas óperas y conciertos que dirigió así como su papel relevante en el Festival Mozart, le granjearon el afecto y la admiración del público.

Si Baudelaire pudo escribir que “la música excava el cielo”, Zedda tenía el don de encontrar el camino mediante un equilibrio prodigioso entre músicos, cantantes y producción, que emocionaba a los espectadores. Unía a la excelencia artística, la solidez intelectual y el compromiso personal, combinación poco habitual. Vitalista y lleno de proyectos, contagiaba entusiasmo, compartiendo su experiencia y sabiduría. Fueron años intensos, fuente de la amistad privilegiada que me dispensó hasta el final de su vida.

Jose Luis Méndez Romeu

 

Jose Antonio Campos, Artistic Director

Gracias, Alberto! No caben en unas líneas la dimensión humana y profesional de un músico extraordinario como el Maestro Zedda. Mucho menos la de un amigo impagable como Alberto.

Mi memoria almacena inolvidables momentos desde aquella lejana mañana en la que llegó al Teatro de La Zarzuela para cumplir con el encargo que le hice de dirigir La Cenerentola de Rossini. A partir de ese día todo fue aprender de un sabio que sabía aglutinar erudición, ironía, ocurrente humor y entusiasmo para acometer futuros proyectos que fueron cuajando en títulos como Ermione o Il turco in Italia, que enriquecieron la historia del pequeño teatro de la calle Jovellanos.

A partir de esas fechas, nuestros encuentros en Madrid y en Pésaro se convirtieron en una necesidad. Se cruzó, por fortuna, en la vida de Cristina, en la mía y en la de aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerle. Dejo a los analistas cualquier observación sobre su extensa y rica obra. A mí me queda la satisfacción de haberlo conocido y de sentirme su amigo. Por todo ello, mi querido Alberto, Gracias!

José Antonio Campos

 

Jacobo Cortines, Poet

Magister Vitae

Hasta el final de su larga y pletórica vida Alberto Zedda estuvo entregado a su gran pasión: la Música, y a la ingente labor de rescatar del olvido la monumental Obra de Rossini, reducida a un par de títulos cómicos. Pero desde que a mediado de los años 50 revisara a fondo el manuscrito autógrafo del Barbiere di Siviglia, devolviéndole toda su pureza y refinamiento, las investigaciones del Maestro sobre las diversas óperas rossinianas, en especial las serias, no dejaron de sorprender al mundo de la moderna filología musical.

Gracias a sus logros, Rossini pasaba a ser uno de los compositores más complejos y geniales de toda la historia de la Ópera.

Director Artístico del Rossini Opera Festival desde su fundación en 1980, congregó en torno a su persona a numerosos artistas que le admiraban, y a incontables amigos que sentían por él verdadera veneración, tanto por su inteligencia, como por su generosidad, simpatía y humor.

El Maestro era un pozo de sabiduría, y no sólo musical, un verdadero Maestro de la vida en su dimensión más noble por ética y estética. Mucho es lo que le debemos muchos. Gracias, Alberto, por tu ejemplo y tu enseñanza. Desde la otra orilla seguirás siendo siempre el mismo sabio guía.

Jacobo Cortines

 

Juan Diego Flórez, tenor

 

Se fue un Angel de la música que nos iluminó con su sabiduría y emocionó con su ternura. Gracias Maestro.

 

Juan Diego Flórez

 

Gregory Kunde, tenor

It is with immense sadness that I say goodbye to one of the most influential men in my career.

Masetro Alberto Zedda has passed away at the age of 89. One of the founders of the Rossini Opera Festival in Pesaro, Italy (Rossini’s Birthplace) he was the reason I became a Rossini singer.

Our relationship began in 1989 when I auditioned for him in Paris. He was very complimentary, but offered no work at that time. But, 2 years later, as Artistic Director at La Scala in Milan, he hired me to make my debut as the tenor soloist in Rossini’s Stabat mater, conducted by Riccardo Muti. It was for Rossini’s 200th birthday ( 29 February, 1992).

I also did La Donna del Lago later that year which was my official La Scala stage debut. And in August of 1992, I made my ROF debut in Rossini’s Semiramide which was conducted by Maestro Zedda himself. That began a long and wonderful relationship that has lasted all of these years.

Our last collaboration was in Antwerp, Belgium. It was Rossini’s ( of course !!) Otello and it was capture on CD.

I last saw him and his beautiful wife, Christina just last fall when he was conducting Falstaff in La Conuña, Spain. He was as sprite as always.
I can’t believe he will no longer be with us.

Maestro, you helped to make me the singer I am today. I will be eternally grateful to you for having faithe in me. We made some great music together. You will always be in my heart. Rest in Peace, dear Maestro.

Gregory Kunde

 

Jose Luis Téllez, Musicologist

Quienes tuvimos la fortuna de conocer y tratar a Alberto Zedda recibimos de él una lección inolvidable de sinceridad, generosidad y coraje pero -y sobre todo- de coherencia.

Exigía mucho a los músicos porque él mismo se entregaba totalmente a todo cuanto hacía: lo daba todo en el terreno personal y artístico, pero siempre con afabilidad y respeto para con el intérprete.

De una inteligencia deslumbrante y una capacidad de trabajo infatigable, su actitud profesional, artística y humana eran inseparables e indistinguibles de su posición política: la de un demócrata militante que jamás cedió ante la simulación, la impostura o lo acomodaticio.

Le recuerdo como un contertulio hablador y bienhumorado que prestaba la mayor atención a las palabras de los demás: tenía la humildad de los sabios, siempre atento y respetuoso con las opiniones divergentes. Más allá incluso de las formidables versiones operísticas rossinianas que le vi dirigir (recuerdo en particular una Donna del lago coruñesa rigurosamente insuperable), las largas charlas sobre música, arte o muchas otras cosas que mantuve con él en el jardín de su casa de Roncosambaccio han sido algunas de las experiencias más enriquecedores y más gratificantes de toda mi vida.

José Luis Téllez

 

Jose Miguel Pérez Sierra, Conductor

Conocí al Maestro en el verano de 2003.

Yo era un joven estudiante de dirección de orquesta y había ido a Pesaro con mi familia para conocer el Festival Rossini. Pero no fue el genio pesarés el que propició nuestro encuentro: días antes habíamos estado en Milán, viendo una función del Otello verdiano. Era la misma edición que había servido de clausura para una Scala que cerraba por obras, y que había trasladado temporalmente sus representaciones al Teatro degli Arcimboldi.

Otello era una ópera que me obsesionaba desde niño y que conocía muy bien. Cuál fue mi sorpresa cuando, al llegar el tercer acto, me encontré con un concertante muy diferente al que yo conocía: también bellísimo, y con muchas novedades a nivel musical y dramatúrgico. Al acabar la función, encontré lo que buscaba en el programa: Edición Crítica de Alberto Zedda.

Zedda era un director al que admiré desde niño, viéndole dirigir varios títulos en el Teatro de la Zarzuela, cuando éste hacía las funciones de teatro de ópera de Madrid. También sabía que era el mayor experto en Rossini del mundo, y director artístico del ROF. Pero yo tenía que buscar la manera de hablar con él largo y tendido sobre… Verdi.

No tuve que ingeniármelas para tener una cita con él: tuve la inmensa suerte de que el Maestro apareciese en una cena post-estreno en la que yo estaba. No lo dudé y me presenté, abordando sin dudarlo todas las cuestiones que me había planteado su edición de Otello. Quizá el Maestro iba con la idea de tener una agradable cena relajada… Pero lejos de darme señales de estar incómodo, acogía los argumentos que le proponía con pasión creciente, y con esa llama encendida de fervor por la música, que sus ojos reflejaban de manera fascinante.

Aquella conversación duró casi dos horas… y el Maestro terminó invitándome a continuarla en Madrid la primavera siguiente, cuando viniera para dirigir Il Viaggio a Reims en el Teatro Real. Así fue: le busqué, continuamos con la conversación… y tuve el inmenso privilegio de que esa conversación, “i nostri discorsi”, como decía Alberto, duró 13 años más.

La primera vez que estuve con el Maestro en La Coruña, su auténtico hogar en España, fue en mayo de 2005, asistiéndole en La Cenerentola que dirigió en el Festival Mozart. A esa producción seguiría la de L’Incoronazione di Poppea en 2006, y varios conciertos sinfónicos. Son docenas las anécdotas y los hermosos recuerdos que tengo de aquellos años como asistente del Maestro… Me viene a la mente uno que nada tiene que ver con la música, pero que define a la perfección cómo era el Maestro y su forma de desafiar cualquier convención establecida.

Recuerdo una tarde que según salíamos del ensayo, nos avisaron de que, en pocas horas, un temporal fortísimo se cernía sobre la ciudad (temporal que terminaría siendo “célebre” por los graves daños que causó en las playas y el paseo marítimo).

Ante la recomendación de ir a casa lo más rápido posible, el Maestro contesto: “¿por qué? ¡hace un sol espléndido aún!”, a lo que nos explicaron que el temporal iba a llegar de manera repentina y violenta desde el Atlántico, y por lo tanto el sol reinante sobre la ciudad en ese momento no era otra cosa que “la calma que precede a la tempestad”. Cuando nos quedamos solos, Alberto me dijo: “José, nos vamos a la Torre de Hércules a ver llegar la tempestad”?
Efectivamente todavía lucía un sol radiante, así que nos encaminamos los dos hacía la Torre de Hércules. Al llegar, el viento empezaba a arreciar, y lo que es peor: al fondo, sobre el horizonte, se veía un telón negro que unía mar y cielo, y que se acercaba minuto a minuto a la ciudad. Yo pensaba que aquello ya “estaba visto”, cuando vi al Maestro que, con su agilidad habitual, empezaba a deslizarse alegremente por el sendero que recorre el acantilado bajo la Torre.
El viento era cada vez más potente, y esa cortina negra en el horizonte era ya un muro apocalíptico a pocos kilómetros de nosotros. “Vieni José, è bellissimo!”. Más miedo empezaba a darme, más se adentraba el Maestro en el sendero, alejándonos así del parking donde teníamos el coche que nos podía facilitar la “huída”. Yo le seguí, recuperé terreno, y al acercarme pude ver la enorme sonrisa con la que el Maestro disfrutaba de ese espectáculo natural tan hermoso y aterrador.

El Maestro no tenía miedo de nada. Cuando consideró que ya había alcanzado el “palco privilegiado” desde el que contemplar la furia de los elementos, se detuvo. Y jamás se me olvidará su imagen: en pie, con esa enorme sonrisa mezcla de excitación y curiosidad, su pelo alborotado por la agresividad del tiempo, y sus ojos azules muy abiertos, maravillados por la majestuosidad del espectáculo. Parecía casi estar dirigiéndolo él, como si fuera un gigantesco crescendo rossiniano.

Estuvimos varios minutos así, uno al lado del otro. Él no dejaba de mirar la tormenta que se acercaba; yo no dejaba de mirarle a él: me parecía mucho más espectacular que la tormenta. Era fascinante verle ahí, disfrutando en su desafío a los elementos.

El viento ya era huracanado y de repente nos cayó una gota. “José, mi sa che dovremmo scappare…” Volvimos al coche a paso ligero, y en el momento que entramos y cerramos las puertas, el diluvio universal se abatió sobre la Coruña. Hasta para la lluvia, los tempi del Maestro siempre fueron perfectos.

Jose Miguel Pérez Sierra

 

José Ramón Encinar, Conductor

Dos líneas sobre Alberto Zedda. Como en la anécdota sobre Agustín de Hipona ¿puede caber toda el agua del mar en un hoyo excavado en la orilla?
Una anécdota, repetida numerosas veces en la narración siempre nueva de Alberto, metáfora de esa renovación constante en sus centenares de barberos y tancredos.

¿Cuántas veces nos hemos reído escuchando a Alberto la ocasión en que en cena de alcurnia la ausencia de gafas provocó que su siempre atenta caballerosidad acabase derramando el vino cerca, muy cerca, pero, ¡ay!, fuera de la copa de su principesca vecina de mesa? No supimos nunca si lo que más provocaba nuestra hilaridad era la narración o la risa incontenible de Alberto recordando el momento.

Así era Alberto: como esos duendes, pequeñitos, inteligentes, imaginativos, irónicos del Perlimplín de Lorca puestos en música por su admirado Maderna.
Así estará siempre en mi memoria: pequeño, inteligente, imaginativo, irónico: VITAL.

José Ramón Encinar

 

Lluís Pasqual, Stage Director

Creo que para todos, o por lo menos para la mayoría de los que conocimos y tuvimos la suerte de colaborar con Alberto Zedda, al evocar su imagen e intentar explicarla nos viene a los labios decir que era un niño, un niño inteligente y juguetón; sensual y risueño; flexible y resistente, como un buen junco. Es hermoso, y en cierto modo es verdad, pero es demasiado fácil. Porque el Zedda músico era también, por momentos, un sabio ancestral que poseía esa sabiduría que sólo se comprende y sólo se transmite a través de la música; un niño muy anciano enamorado de la voz humana y su más sofisticada expresión: el bel canto donde se funden en un solo prodigio la belleza y el sentimiento y que recorre con sus aladas notas pliegues y repliegues del alma humana.

Esos rincones de luces y de sombras eran los que conocía Alberto porque se los había enseñado la música y eso es lo que él explicaba y compartía cuando clavaba los ojos y levantaba los brazos delante de la orquesta, pero sobre todo, delante del cantante.

Yo le conocí con Rossini de por medio, Il Turco in Italia del Teatro de la Zarzuela y más tarde de otros teatros con un reparto extraordinario (podía llegar a ser hasta tolerante con un oboe pero nunca bajaba el listón en el momento de escoger un cantante) y él me llevó a Pésaro para que dirigiera Le Conte d’Ory con otro reparto extraordinario. En los dos casos fui feliz de verle feliz y más que nada me hizo feliz a mí.

Siempre que trabajé con Alberto estuvo de por medio Rossini. Es admirable poder ver en alguien una afinidad tan natural con un compositor. Zedda dirigía con maestría un repertorio belcantístico muy amplio, pero cuando llegaba a Rossini sonreía con sus labios y con sus ojos y más allá del profundo conocimiento establecía una empatía con el compositor que le convertían no en alguien que cuenta la música de otro, sino su propia música, y así conseguía no explicar al genio de Pesaro, sino ser su espíritu, que es mucho más difícil y sofisticado, en el fondo un don de la Naturaleza, porque era ese espíritu el que recorría la partitura y se encarnaba en cada nota de cada intérprete de un modo natural, como si el mundo sólo pudiera expresarse así. Sosteniendo esas voces diamantinas con una nube de música, con su orquesta y con gran amor, desde el podio.

Un día una soprano con mucha retranca me dijo que los directores de orquesta para un cantante se dividen en tres: los rápidos, los lentos y un reducido grupo con los cuales se podía hacer música. El maestro Zedda será sin duda recordado por multitud de cantantes que consiguieron, gracias a él, hacer música con su voz. Y esa música llegó, benéfica, a nuestros oídos y corazones, y si cerramos los ojos, también lo recordamos con inmensa gratitud.

Lluís Pasqual

 

Massimo Spadano, Conductor

Conocí a Alberto, o mas bien choqué con ese diminuto coloso en una producción de Il Viaggio a Reims, en el Festival Mozart de A Coruña y desde aquel momento yo y todos los que allí estabamos, nos impregnamos de su magia. Su entrega para transformar una versión de concierto en una genial y novedosa producción; su profundo conocimiento de la partitura para resaltar en su justa medida la luz de la música de Rossini nos mostraron la esencia de Alberto.

Humanista extraordinario, a veces nos reuníamos para hablar de articulaciones y arcos de partituras que él ya había dirigido montones de veces, de filosofía, de política, de literatura…. su infinita curiosidad le llevó a aceptar un proyecto rossiniano con instrumentos originales que yo le propuse y que finalmente no se consolidó.

Aprendí de Alberto que estamos de paso; pero que si queremos decir algo con la música tenemos que entregarnos al máximo y dar lo mejor de nosotros.
A mi mente vuelven los spaguetti a medianoche, después de los ensayos, mis risottos que tanto le gustaban y que disfrutábamos sentados a la mesa continuando con la música.

Fuente de inspiración, compañero de tante belle avventure como él me escribió en una ocasión, con su inagotable energía nos engañó a todos haciéndonos creer que estaría aquí compartiendo su sabiduría para siempre. La realidad nos despertó un día de marzo y fuimos conscientes de que ya no estaba aquí; pero que sigue acompañándonos desde otro lugar, desde donde nos mira con sus ojos juguetones, su mirada benévola y su inmenso amor por las personas y la música. Gracias Alberto por todo lo que nos has dado y sigues dándonos.

Massimo Spadano

 

Michele Mariotti, Conductor

Riportare in un breve scritto quello che è stato il mio rapporto con Alberto è pressoché impossibile… troppi ricordi, troppe lezioni e insegnamenti da chi viveva di musica e la respirava continuamente.

Ma ricordo come fosse ieri un incontro avvenuto a Pesaro in inverno tanti anni fa. Lo andai a trovare nella sua casa nel centro storico di Pesaro.
Passai un intero pomeriggio con lui a parlare di musica, poi avrei dovuto raggiungere alcuni amici per passare con loro la serata.

Ogni volta che passavo del tempo con Alberto era come essere travolti dalla forza intellettuale e fisica della musica. Me ne tornai a casa e chiamai i miei amici dicendo loro che non li avrei raggiunti: ho passata tutta la serata a studiare tanta era l’energia e l’entusiasmo che riusciva a trasmettermi.

Questo era Alberto. Con lui capivi e ti rendevi conto di quanto la musica fosse viva, e che non sarebbe mai morta poiché giorno per giorno si sarebbe rinnovata, e lui insieme a lei.

Michele Mariotti

 

Mariella Devia, soprano

Ho avuto l’onore di lavorare con il Maestro Zedda per la prima volta a Martina Franca e da subito è stato prodigo di consigli, di cui ho tenuto gran conto: gliene sono ancora debitrice.

Nel tempo ho avuto la fortuna di poter ancora collaborare con lui in un clima di amicizia molto sentita, direi di familiarità. Lo ricordo come uno dei più seri studiosi e attento filologo della partitura Rossiniana e non solo.

La stima, l’affetto e la profonda gratitudine che sempre ho nutrito per lui sono per me il più bel ricordo.

Mariella Devia

 

Nuria Espert, Stage director

He tenido el honor y el placer de trabajar con el Maestro Alberto Zedda sólo en una producción desgraciadamente pero suficiente para que su talento, su sentido del humor, su energía contagiosa y su enorme calidad humana pervivan en mi recuerdo después de tantos años.

Nuria Espert

 

Nicola Alaimo, baritono

Descrivere l’infinita statura artistica e umana del Maestro Zedda in poche parole è davvero impossibile… posso solo dire questo: tutte le volte che l’ho incontrato, è stato illuminante e non solo per quanto riguarda Gioachino Rossini, di cui ovviamente è l’esponente più importante per quanto riguarda la filologia del Grande Compositore Pesarese, ma anche sotto l’aspetto vocale e del repertorio.

I suoi consigli li conserverò gelosamente nel cuore e nella mente, gli aneddoti straordinari sulla sua vita, sui suoi studi continui, fino a poco tempo fa… un Uomo che non ha mai smesso di approfondire, sebbene non ne avesse il minimo bisogno. Rossini stesso sarebbe stato orgoglioso di questo suo “figlio” che si è dedicato in maniera totale al suo genio.

Con il Maestro Zedda sono cresciuto, dapprima in Accademia, poi incontrandoLo sempre a Pesaro, nel Barbiere di Siviglia dove interpretavo Don Bartolo e poi in un progetto Stabat Mater bellissimo.

Negli anni del ROF ho avuto modo di parlare moltissimo con Lui, apprendendo ogni volta come Rossini vada interpretato e cantato e cercando di assorbire quanto più possibile i suoi infiniti insegnamenti.

Il Maestro Zedda se n’è andato fisicamente, ma i suoi insegnamenti e la sua infinita ricerca, rimarranno pietre miliari nella musicologia Rossiniana e nel percorso artistico di ogni cantante lirico, direttore, regista, musicologo, filologo, poeta, letterato, filosofo che abbia avuto la fortuna di conoscerLo e frequentarLo. Ci mancherà molto, ma l’avremo sempre con noi… riposi in pace nell’Olimpo dei Grandi.

Nicola Alaimo

 

Olga Peretyatko, soprano

È difficile sintetizzare il ruolo che Alberto ha ricoperto nella mia carriera e nella mia vita!

Lui è stata una persona che credeva nei giovani e che li sosteneva, per lui non bastava dire: “Brava, bella voce, buona fortuna!”, ma lui ti dava davvero una chance, come la diede a me nel 2007 facendomi debuttare il ruolo di Desdemona al ROF, dando così inizio alla mia carriera.

Olga Peretyatko

 

Pier Luigi Pizzi, Stage director

Carissimo Alberto.
Sono tornato a Pesaro con la grande tristezza di non trovarti.

Il primo giorno ho incontrato gli allievi della tua Accademia Rossiniana. Si è parlato di musica, di teatro, di Rossini e di te, naturalmente : di quanto questo Festival ti deve, delle tue edizioni critiche fondamentali per la filologia e la riscoperta di opere rossiniane maltrattate o dimenticate, delle tue prove di sala rivelatrici di significati profondi e spesso inavvertiti.

In un lampo, com’era ovvio, mi sono venute in mente le serate milanesi dei nostri verdi anni, a far tardi parlando di musica con Claudio Abbado, Leyla Gencer, Dino Ciani, Maurizio Pollini.

La nostra prima collaborazione , te sul podio ed io regista, per Semiramide di Rossini, al Regio di Torino, con Katia Ricciarelli e Lucia Valentini Terrani.
Gli anni bollenti del ROF con Gianfranco Mariotti: un sodalizio più che trentennale.

Anni di battaglie, di entusiasmanti scoperte, anche di furibonde discussioni, per difendere con onestà i propri principi , per dare ognuno il meglio di sè, sempre.

La tua strepitosa idea di inventare il Festival Barocco al Teatro della Fortuna a Fano, quel “A vagheggiare Orfeo”, che ha fatto rivivere capolavori dimenticati.
Tra questi alla fine degli anni Novanta, Orfeo di Sartorio, che, presentato al Festival de La Coruña, ci ha gratificato dei prestigiosi Premios Liricos di Oviedo.

Quanti spettacoli abbiamo fatto insieme, in giro per il mondo. Quanti successi.
Quanto ci siamo divertiti.

Adesso , cerco di riproporre La pietra del paragone , con rinnovato fervore. Mi mancano il tuo senso critico e la tua ironia.

Cristina ha promesso che verrà qui. L’abbraccerò con particolare affetto. E saremo di nuovo tutti insieme.

Pier Luigi Pizzi

 

Roberto Abbado, Conductor

Ho sempre ammirato la generosità, l’entusiasmo contagioso e la straordinaria capacità di lavorare con i giovani di ‪Alberto Zedda‬‬.

Quando io ero ancora studente di direzione d’orchestra mi aveva proposto di collaborare insieme a un progetto che poi non si realizzò, ma gli sono grato per aver creduto in me fin da allora e per avermi invitato poi tante volte a dirigere al Rossini Opera Festival di Pesaro.

E’ impossibile etichettare la sua vita con un solo termine perché era direttore d’orchestra, musicologo, docente, saggista, direttore artistico…aveva una conoscenza profondissima del repertorio belcantistico, ma non solo, perché era un musicista versatile e curioso. Ci ha lasciato un’eredità importante che non dovrà essere dimenticata.

Roberto Abbado

 

Ruggero Raimondi, bass-baritone

Non ricordo quando e come incontrai , tanti anni fa, Alberto, il Maestro , ma súbito una grande
simpatía coinvolse i nostri rapporti.

Una persona dal pensiero profondo, generoso come nella vita e nel suo appassionante lavoro di ricerca nella Musica, come appassionante risultava ascoltarlo nei suoi discorsi culturali.
Ho presente ancora adesso il lavoro, in particolare, sul Viaggio a Reims in quella prima, storica, edizione a Pesaro.

Una vita spesa nello studio che ha assolutamente arrichito le partizioni rossiniane. Lo ricorderò sempre con grande rispetto e amicizia.

Ruggero Raimondi

 

Teresa Berganza, mezzosoprano

Conocí a Alberto en los años 60, durante los ensayos de Il Barbiere di Siviglia en la Scala de Milán. Dirigía aquella producción nuestro querido Claudio Abbado y a todos nos unía el amor y el respeto por Rossini.

Después coincidí con Alberto en muchas ocasiones y a su lado he disfrutado de momentos maravillosos, compartiendo nuestra pasión por la música y en concreto por Rossini. Le recuerdo siempre con gran cariño y admiración.

Teresa Berganza

 

Carla di Carlo, musicologist

Era l’estate del 1988 quando abbiamo lavorato insieme per la prima volta. Dovevamo controllare il libretto della Cenerentola e mi hai chiesto di venire una mattina nella tua villa-paradiso, in collina.

Cristina aveva preparato tutto in giardino, con il suo modo speciale e affabilissimo di accogliere le persone e coccolarle. C’eravamo appena messi al lavoro quando sei sobbalzato sulla sedia e con ferocia tonante hai ringhiato: «Cristina, dov’è la mia matita!». Oddio no, sono capitata in mezzo a un’atroce lite coniugale, qui escono i coltelli, dove posso scappare… e invece lei, composta e soave, ti risponde con naturalezza imperturbata: «Dove l’hai lasciata tu, amore». Non ci potevo credere… Non sapevo ancora quale irriducibile argento vivo ti animasse, quanta energia sprizzasse dal tuo assecondare l’esistenza facendola come scivolare nel fragore di una cascata in un precipizio infinito, sempre immerso e appagato, con una capacità di presenza alla vita che supera il senso e il limite del tempo.

Rideresti dei tuoi capricci improvvisi, da discolo ribelle, impunito e già perdonato, che si infiamma per niente, esplode all’improvviso e con la stessa subitaneità si calma. Poi mi hai raccontato che è stata proprio la sua garbata impassibilità, serena e niente affatto distaccata, a farti innamorare di lei, quando tanti anni prima le avevi fatto una gran scenata, minacciando aspramente di andartene dal teatro spagnolo dove Cristina era Direttrice di Produzione, e lei leggera e pacata ti aveva mandato al diavolo fingendo di prenderti sul serio, elegantemente, non solo educatamente.

Se ti chiedessi il favore di leggere queste parole in memoria di una persona non solo molto importante per me, ma di un titano nel mondo della musica quale sei, mi lanceresti il lampo di un’occhiataccia e diresti «Ma no, non va bene, troppo prosaico, lo fai sembrare un matto scatenato» e magari ti agiteresti fino a pestare i piedi per terra.

Ora scusami se le parole più belle che ho trovato per te le hai scritte tu a me, neanche due anni fa, dopo che avevamo accompagnato Paolo Vero, il mio Paolo, al cimitero di Monte Cerignone. Dedichiamole a Cristina.

Il miracolo di un violino amico: trasformare il tutto in un Eden carico di intima emozione.

Il miracolo di una monodia bachiana suonata con amore: farsi tramite di un contatto immediato con l’assente, consentendo l’alto dialogo con lui.

Il miracolo di un uccellino che canta sull’albero sotto cui riposa la salma di un musico: rendere col suono la riposante serenità del silenzio.

Il miracolo di una natura indifferente e bellissima: attenuare il dolore della perdita nell’atarassica percezione della ciclicità della vita.

Il miracolo di una donna forte: trasformare in dolcissimo sorriso l’amarezza del pianto per far diventare più bella la vita.

Dai, troviamoci a cena, tutti insieme. Cercate voi un posto, in questo esilio del poi non c’è, neppure a supplicarlo. Non preoccupatevi, niente acqua a tavola.

Carla di Carlo

 

Shirin Eskandani, mezzosoprano

Maestro Zedda was a man of contrasts. He could be extremely kind and generous and then in one instant terrify you with one glance.

I remember being so nervous to audition for him, especially after hearing so many stories about him.

I could see him at the back of the theater, not really being able to make out his face. After I sang I saw this sweet old man get up and slowly walk towards me. Surely, I though, this person couldn’t be the same one from the stories. He came up to me, held my hands, and told me in a very matter of fact tone that I should never sing Rossini. And then, of course, the next month I was accepted into the program.

The lessons I learned from him were invaluable and I am so grateful for the summer I spend under his guidance. Every time I sing a Rossini phrase I think of him gesturing in class. Make music. Make beauty.

Shirin Eskandani

 

Randall Bills, tenor

In thinking back to my relatively brief encounters with Maestro Alberto Zedda, I have realized how fortunate and thankful I am for the absolutely singular experience that was working with him at the Rossini Opera Festival.

I am professionally thankful for Maestro Zedda’s artistic guidance of the Festival, which provided amazing performing and listening opportunities and insights into the bel canto art. Bel canto is an aural tradition, and through the staging of many of Rossini’s often neglected masterworks and the employment of the world’s foremost interpreters of singing, Zedda presided over a Festival that has shaped the art of singing and provided a vast historical record of performance excellence. Additionally, the performing opportunities given to rising artists in this (and the next) generation of singers has launched numerous operatic careers and will continue to advance the singing tradition around the world.

I’m also personally thankful for the educational opportunities that the Festival and Accademia Rossiniana stood for. Bringing together young singers from around the world to discover and perfect their craft in the yearly performances of Il viaggo a Reims has been a foundational part of my experience as a singer and my approach to bel canto and to the art of teaching.

Maestro Zedda, through his tireless work, has influenced operatic singing in ways that will be felt for many years to come, but above all these accomplishments, I will fondly remember his impish and brilliant smile and his fast shuffle through the streets of Pesaro, most likely off to a rehearsal to serve the art of singing and his beloved composer Rossini.

Randall Bills

 

Paolo Bordogna, boss-baritone

Ho conosciuto Alberto 19 anni fa all”Accademia Rossiniana di Pesaro e dopto tre mesi mi ha voluto a Verona per il mio debutto in Don Pasquale. Il Maestro Zedda rimarra nella storia come sensibile musicista e instancabile studioso.

Tuti noi gli dobbiamo molto L’ho sentito l’ultima ola il giorno del ‘nostro” compleanno ( il 2 gennaio) e dopo tanti anni mi e uscita del cuore una frase che mai ero riuscito a dirgli : ” ti voglio bene Maestro”… ho tanti ricordi personali legati a lui, ma mis scuserete se preferisco servarti gelosamente nel mio cuore.

Paolo Bordogna